Casa de Diego de la Piedra y Casa de Pereda
monumento en Limpias
Las casas de Diego de la Piedra y Pereda, situadas en el pintoresco entorno del Puerto del Rivero, representan una muestra destacada de la arquitectura vinculada al cantero Pedro de Toca Solórzano, un maestro de la época. Ambas viviendas, unidas entre sí, conservan un estilo tradicional y formal que se caracteriza por su cubicaje definido, con dos plantas, un ático y una cubierta a cuatro aguas, características comunes en la obra de este cantero.
La Casa de Diego de la Piedra destaca especialmente por su escudo, timbrado por un yelmo y acompañado de dos sirenas que tañen una cuerna, con las patas apoyadas sobre las cabezas de leones que hacen de soportes. Este escudo también presenta una cruz de Santiago acolada y un mascarón en la base, lo que otorga a la casa una gran carga simbólica. Diego de la Piedra, natural de Limpias, fue un personaje ilustre de la época, caballero de la Orden de Santiago y con una destacada carrera en Cádiz, donde llegó a ser Diputado de Comercio y Consulado de Perú.
La Casa de Pereda, contigua a la de Diego de la Piedra, sigue la misma tipología arquitectónica, destacando también por su volumetría y estructura formal, características de la obra de Toca Solórzano. Ambas casas, con su estilo robusto y tradicional, son un importante legado del patrimonio local, que nos permite conocer mejor la historia y las personalidades que marcaron la vida en Limpias durante siglos.
Al situarse frente a la fachada unificada de estas dos casonas, el cuerpo registra la rotundidad de un volumen cúbico que parece anclar el suelo del Rivero. La severidad de la sillería y la simetría de sus dos plantas más ático imponen una marcha de observación lenta, necesaria para distinguir dónde termina una propiedad y comienza la otra. El gesto de elevar la mirada hacia el alero permite apreciar la continuidad del tejado a cuatro aguas, una solución técnica que fusiona visualmente ambas casas, creando la ilusión de un único palacio que domina el acceso al antiguo puerto.
Este conjunto es el residuo físico de la "época de los cargadores a Indias", validando el éxito de Diego de la Piedra, quien desde su posición en el Consulado de Perú en Cádiz, financió esta arquitectura como una embajada de su poder en su patria chica. Su anclaje singular es el escudo heráldico custodiado por sirenas y leones, una rareza iconográfica que, junto a la Cruz de Santiago, marca el punto exacto donde la heráldica montañesa absorbió el simbolismo de las rutas de ultramar. Estar aquí es reconocer la frontera física donde el hierro de Limpias se encontraba con las especias y la plata que Diego de la Piedra gestionaba desde el sur.
Existe una tensión silenciosa entre el deterioro actual de los paramentos y la nobleza imperturbable de sus proporciones. Mientras la Casa de Pereda mantiene el esquema formal de Pedro de Toca, la de don Diego añade la carga simbólica del caballero que nunca olvidó su puerto de origen. Al alejarse hacia la ría, queda la sensación de haber visto el centro logístico y emocional de la Limpias del siglo dieciocho, donde la piedra fue tallada no solo para habitar, sino para proclamar que el Rivero era una extensión directa de las flotas de Indias.
Cómo llegar: ver en el mapa