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Casa Torre El Palacio

monumento en Limpias

Casa Torre El Palacio, Limpias

La Casa Torre El Palacio es una obra que combina dos momentos clave de la historia arquitectónica de la región: la Edad Media y el Renacimiento. Su torre, construida en mampostería con esquinales y vanos de sillería, data de finales del siglo XV y conserva un arco apuntado de acceso al interior, junto con una pequeña ventana también apuntada en la parte este del edificio. Esta torre es un claro ejemplo de la arquitectura defensiva medieval, pensada para proteger a sus habitantes.

A mediados del siglo XVI, se añadió a la torre una casa de estructura rectangular, con una planta baja y un piso noble. Esta parte renacentista se caracteriza por su portada de arco de medio punto y una ventana con un escudo de armas que representa a tres familias: Gil, Palacio y Alvarado. El escudo muestra, en su primer cuartel, las armas de Gil (tres cruces potenzadas y un escudete barrado); en el tercer cuartel, las armas de Palacio (dos escudetes barrados dentro de un tercero); y en los cuarteles segundo y cuarto, las armas de Alvarado.

La casa fue en su origen residencia de Pedro Gil de Palacio y su esposa María García de Alvarado en 1440, quienes posiblemente fueron los fundadores del edificio. La tradición cuenta que, en 1498, Juana la Loca se hospedó en esta casa durante su viaje hacia Flandes, lo que resulta creíble, dada la proximidad del edificio al antiguo Camino Real.

Es probable que la construcción de la casa haya sido encargada por el hijo del primer propietario, Pedro Gil de Palacio Alvarado, y su esposa María González de Alvarado, alrededor de 1510. Sin embargo, algunos historiadores sugieren que la edificación de la casa podría haber coincidido con la presencia de su hijo, Diego Sainz de Palacio Alvarado, quien estaba casado con María Sainz de Collado. El contraste entre la torre medieval y la casa renacentista refleja el cambio en las tendencias arquitectónicas de la época.

A lo largo de los siglos, la Casa Torre El Palacio cambió de propietarios, entre ellos el Arcediano Fernando de Palacio en 1594, quien fundó un mayorazgo con las propiedades en su testamento. En 1630, Don Juan de Alvarado Velasco era señor de la casa, un personaje importante en la historia local, ya que también era vecino de Gibaja y administrador de los bienes de su hijo, Don Jerónimo de Alvarado Velasco de Palacio.

Hoy, la Casa Torre El Palacio sigue siendo un testimonio del paso del tiempo y de la evolución arquitectónica de la región, fusionando elementos medievales y renacentistas que la convierten en un valioso patrimonio de Cantabria.

Al situarse frente a la Casa Torre, el cuerpo registra el contraste de dos épocas que se tocan. La torre, con su mampostería cerrada y sus arcos apuntados, impone una sensación de repliegue y defensa, mientras que la casa renacentista adosada, con sus amplios arcos de medio punto, invita a una escala de mayor apertura y representación social. La marcha aquí es de ascenso visual: desde la base sólida de la fortaleza medieval hasta el piso noble del siglo dieciséis, donde la sillería se vuelve más precisa para albergar el escudo de armas. El gesto de observar su ubicación junto a la antigua ruta hacia la meseta permite comprender que este edificio no nació para el aislamiento, sino para ser el vigía y el descanso del camino.

Este edificio es el residuo físico de la hospitalidad regia de Limpias, validando su importancia como el lugar donde la historia de España hizo una pausa. Su anclaje singular es la pernocta de Juana la Loca en 1498, un hecho que fija esta torre como la última frontera de prestigio antes de que la realeza embarcara en Laredo hacia Flandes. Estar aquí es reconocer el punto exacto donde la casa de los Gil de Palacio y Alvarado se convirtió en una embajada de la corona, demostrando que la arquitectura montañesa fue capaz de absorber los cambios estéticos del Renacimiento sin renunciar a su carácter de fortaleza caminera.

Existe una armonía histórica entre el volumen compacto de la torre y la elegancia del mayorazgo fundado por el Arcediano Fernando de Palacio. Mientras el exterior conserva la heráldica de los Alvarado y los Gil, el conjunto en su totalidad narra la transición de la guerra al estatus administrativo de la nobleza local. Al continuar el trayecto por el antiguo camino, queda la sensación de haber pasado por un control de aduanas histórico, un lugar donde el tiempo parece circular con la parsimonia de las antiguas comitivas reales. La Casa Torre permanece como el esqueleto de piedra que sostiene la memoria del paso de Castilla hacia el mar.

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