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Molino de Angulo

monumento en Limpias

Molino de Angulo, Limpias

El Molino de Ángulo, conocido también por el nombre de Molino de Magefesa, se encuentra en una ubicación estratégica en el paraje de Costamar, un área que colinda con la ría de Limpias. Debido a su proximidad al agua, el molino ha sufrido a lo largo del tiempo un deterioro significativo, principalmente causado por las constantes fluctuaciones de las mareas. Esta estructura es un claro ejemplo de la vulnerabilidad de las construcciones industriales en lugares sujetos a los efectos del agua salada y la erosión.

El molino está compuesto por una estructura sólida, que incluye un dique de contención de aguas construido en mampostería, diseñado para proteger la estructura del molino de las aguas de la ría. La construcción cuenta con arcos de estilo arquitectónico que aportan estabilidad y resistencia. El uso de sillares en la edificación es una característica común de la época, garantizando la durabilidad de la construcción frente a las inclemencias del entorno.

A pesar del deterioro sufrido por el paso del tiempo y las presiones de la marea, el Molino de Ángulo sigue siendo un referente histórico e industrial en la región, mostrando la adaptación humana a los recursos naturales en la explotación de las mareas y su impacto en la economía local.

Los sillares del Molino de Angulo penetran en el cauce de la ría como una cuña que fractura la corriente, forzando al agua a comprimirse contra los arcos de mampostería. Al caminar por el borde del dique, el suelo registra el impacto sordo de la marea; la piedra no acompaña a la ribera, la interrumpe. El espacio impone un movimiento de precaución ante una estructura que parece estar siendo devorada por la misma fuerza que un día intentó domesticar. El visitante se encuentra en un territorio de colisión donde la solidez del muro es lo único que separa el camino del dominio absoluto del lodo.

El complejo es el residuo físico de una maniobra de captura de recursos ejecutada en el siglo XVIII, mucho antes de que la industria del aluminio de Magefesa ocupara este sector. El hecho singular fue la construcción del dique para subordinar el flujo del Asón a la producción intensiva de harina, un acto que convirtió un fenómeno natural en un cronómetro económico para el abastecimiento naval. Esta infraestructura no buscó la convivencia, sino la explotación total: el dique funcionaba como una válvula de soberanía que decidía cuándo y con qué fuerza trabajaba el río. Esa servidumbre mecánica sigue grabada en los sillares desgastados; es una arquitectura de asedio que hoy, en su deterioro, muestra las cicatrices de haber querido sujetar lo que por naturaleza es libre.

Al superar la línea de la presa, la sensación de confinamiento desaparece. El sonido del agua recupera su fluidez, liberándose del estrangulamiento de los arcos. El molino queda a la espalda como un esqueleto técnico encallado en el salitre, una pieza de artillería preindustrial que ha perdido la batalla contra la marea, pero que mantiene inalterado el corte que le infligió a la fisionomía de la ría.

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