Palacio Conde del Rivero
monumento en Limpias
Este palacio de planta rectangular está edificado en sillares de piedra caliza y consta de tres pisos y un ático, separados por una imposta. La fachada principal, orientada hacia el Camino Real, presenta una puerta de acceso en la planta baja coronada por un arco carpanel enmarcado por pilastras. En el primer piso, se disponen tres balcones voladizos accesibles mediante puertas-ventana y cerrados con rejería. El segundo piso alberga un gran balcón que recorre toda la fachada, con un antepecho inferior y cerramiento de balaustres de hierro, accesible también por tres puertas-ventana, siendo la central acodillada. A ambos lados del balcón se encuentran sendos escudos con las armas de la familia. La parte superior del edificio se remata con una cornisa moldurada.
En el siglo XIX, se añadió una torre-mirador en el lado sureste, rematada con almenas. En la parte superior de la torre destaca un gran escudo con la leyenda: “LA EXCMA, SRA Dª JOSEFINA TREVILLA DEL RIVERO CONDESA DE LIMPIAS RESTAURÓ ESTA TORRE Y TODA EL ALA DEL JARDÍN DE PALACIO EN EL AÑO DE 1891”. Debajo, se sitúa un conjunto de tres ventanas separadas por columnas, siendo el arco central apuntado. El título de Condesa fue concedido en 1881 por S.M. El Rey Alfonso XII a doña Serafina de Trevilla y Ladrón de Guevara, viuda de don Antonio Cirilo del Rivero de Trevilla, por los méritos contraídos por su marido.
La fachada presenta dos piezas heráldicas, timbradas por yelmo afrontado, soportadas por cuatro amores que cantonan la pieza y mascarón bajo la punta, con adornos de lambrequines.
Este palacio es considerado uno de los edificios más imponentes de Limpias y un ejemplo representativo de la arquitectura civil de la época en la región.
La fachada del Palacio del Conde del Rivero funciona como un muro de contención que comprime el Camino Real. Al avanzar por la vía, los tres pisos de piedra caliza eliminan cualquier escapatoria visual, obligando al transeúnte a medir sus pasos frente a una estructura que ha canibalizado la escala del barrio. No hay espacio para la distracción: la secuencia de balcones voladizos y el antepecho de hierro del segundo piso actúan como plataformas de observación que proyectan la presencia de la casa sobre la calle. El volumen de sillería genera una corriente de aire frío y sombra que marca el punto exacto donde el trazado público queda subordinado a la rigidez de una propiedad privada inamovible.
Este edificio es el resultado de un contrato de fuerza ejecutado el 24 de julio de 1734. El pago de 6.000 pesos de plata al maestro Pedro de Toca no compró una vivienda, sino la creación de un estándar arquitectónico que desplazó las tipologías tradicionales de Limpias. El hecho singular reside en la capacidad del palacio para funcionar como un nodo de réplica: su diseño fue tan dominante que alteró la fisionomía de Treto y Bárcena de Cicero, que se vieron obligadas a importar este modelo de planta rectangular y tres niveles para mantener su estatus. La torre almenada de 1891 no es un añadido ornamental, es el cierre definitivo de un ala de jardín que amputó una parte del tejido urbano de la zona sur, sellando el control de los Rivero sobre el acceso al pueblo a través de una arquitectura de defensa y mirador.
Al rebasar la verticalidad de la torre y dejar atrás la influencia de los escudos familiares, el Camino Real recupera su anchura original. La presión de la caliza se disipa y el entorno vuelve a ser una sucesión de espacios abiertos y desordenados. El Palacio queda a la espalda como una pieza de artillería civil encallada en el borde de la carretera, un volumen de seis mil pesos de plata que todavía hoy sigue dictando quién entra y quién sale del núcleo del Rivero.
Cómo llegar: ver en el mapa