Palacio del Conde Albox y Finca del Castañar
monumento en Limpias
Construido por Don Manuel Eguilior y Llaguno, conde de Albox, a comienzos del siglo XX, este palacio es un claro ejemplo de la arquitectura señorial de la época. Su fachada en sillería de piedra, sus amplios balcones y sus cuatro torres le otorgan un aire distinguido que refleja el gusto por las construcciones aristocráticas de aquel periodo.
El palacio se encuentra en el corazón de la Finca del Castañar, un extenso terreno con jardines y árboles centenarios, entre los que destacan castaños de Indias, fresnos, laureles y magnolios. Este entorno no solo aporta belleza paisajística, sino que también refuerza el carácter señorial del conjunto.
A lo largo de su historia, el edificio ha tenido diversos usos. Fue sede de reuniones del Consejo de Alfonso XIII durante los meses de verano y, tras un tiempo en desuso, fue restaurado para convertirse en el actual Parador de Limpias, inaugurado en 2003. Hoy en día, el palacio ofrece un alojamiento exclusivo que combina el encanto histórico con las comodidades modernas, incluyendo piscina, pistas deportivas y una cuidada oferta gastronómica basada en la cocina regional.
Su ubicación privilegiada y su valor arquitectónico hacen del Palacio del Conde de Albox y la Finca del Castañar un lugar de gran interés para los amantes de la historia, la naturaleza y el turismo cultural.
Los Fantasmas del Parador
En Cantabria, tierra de historias y misterio, abundan los relatos sobre presencias fantasmales. El Parador de Limpias no es la excepción, pues se dice que en sus pasillos aún habitan tres almas que no han querido abandonar este majestuoso edificio del siglo XIX. Margarita, su hijo y un antiguo sirviente de Manuel de Eguilior, quien mandó construir el palacio y además era tío de la joven, siguen presentes, según cuentan quienes han sentido su presencia.
Margarita, gran amante del piano, falleció a los 29 años a causa de una pulmonía. Su prematura muerte, según la leyenda, la llevó a permanecer en el edificio en forma de espíritu. Aún hoy, algunos visitantes aseguran escuchar melodías provenientes de un piano sin que nadie lo esté tocando.
A esta historia se suman otras apariciones, como la del propio Manuel de Eguilior y la de uno de sus sirvientes. Quienes han pernoctado en el parador han relatado sucesos extraños, como ruidos inexplicables, sombras en los pasillos e incluso una energía peculiar en la habitación 205.
Sin embargo, más allá de los rumores y las historias que envuelven el lugar, el Parador de Limpias sigue siendo un destino acogedor y tranquilo. Si te atreves a hospedarte aquí, no tienes nada que temer. Y si por casualidad te cruzas con Margarita, quizás puedas pedirle que interprete una sonata para ti.
El Palacio del Conde de Albox actúa como un tapón de sillería en la ladera de Limpias. Al subir hacia el monte, el camino se ve interrumpido por la masa cuadrangular del edificio, que utiliza sus dos torres laterales para flanquear el paso y señalar el fin del espacio público. No hay integración con el bosque: la mampostería se levanta como un límite seco que obliga al caminante a bordear la propiedad, sintiendo cómo el trazado libre de la montaña queda estrangulado por la geometría de un jardín privado. La fachada funciona como una pantalla que oculta el horizonte, proyectando una autoridad que nace de la capacidad de la piedra para filtrar quién tiene derecho a la pausa y quién debe seguir su ruta por la pendiente.
Este enclave es el resultado de una operación de cercamiento ejecutada por Manuel de Eguilior en 1891 para privatizar un ecosistema de madera y pasto. El hecho singular reside en que esta segregación no ha revertido al pueblo, sino que se ha institucionalizado: la actual función como Parador Nacional de Turismo ha convertido el antiguo lujo condal en un protocolo de explotación estatal. Al entrar en el recinto, el visitante ya no accede a un monte, sino a un producto diseñado; el palacio ha dejado de ser una vivienda para convertirse en una aduana comercial que sigue custodiando las sesenta hectáreas de la Finca del Castañar bajo un régimen de acceso condicionado. La arquitectura ecléctica y las torres de tres pisos siguen operando como el cierre definitivo que, desde la visita de Alfonso XIII en 1904, sustituyó la vida rural por una logística de prestigio que hoy el turismo se encarga de perpetuar.
Al superar la sombra de las torres y continuar el ascenso por los senderos exteriores, la escala del edificio se mantiene como un peso constante a la espalda. El caminante ya no se mueve por un monte común, sino por la periferia de una propiedad que ha blindado su fisionomía contra el tiempo. El Palacio de Albox queda atrás como un volumen inexpugnable, un recordatorio físico de que el acceso a la cumbre de Limpias sigue mediado por una estructura que, hace más de un siglo, decidió que el aire del monte tenía un precio y un dueño.
Cómo llegar: ver en el mapa