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Parque de Costamar

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Al llegar a Limpias, una de las primeras paradas obligadas es el Parque de Costamar, también conocido como Jardín de Costamar. Este espacio natural se ha convertido en un punto de referencia para el descanso y el disfrute del paisaje, permitiendo a los visitantes desconectar del ajetreo diario en un entorno tranquilo y lleno de belleza.

El parque se encuentra estratégicamente ubicado con vistas a la ría de Limpias, que se funde en el horizonte con las Marismas de Santoña, ofreciendo un espectáculo visual de gran valor ecológico. El entorno está acompañado por los sonidos de la fauna local, lo que refuerza la sensación de armonía con la naturaleza.

Además de su atractivo paisajístico, el parque ha sido acondicionado para la práctica deportiva, con la incorporación de un parque de calistenia, un espacio destinado a ejercicios físicos al aire libre, cada vez más demandado por deportistas y aficionados al entrenamiento funcional.

Para quienes deseen continuar explorando, desde el Parque de Costamar se puede acceder al paseo de la Ría del Asón, un recorrido que bordea el cauce fluvial y atraviesa puntos históricos y emblemáticos del municipio. Este sendero permite conocer la riqueza cultural de Limpias mientras se disfruta de un agradable paseo junto al río.

El Parque de Costamar no se abre a la ría, la encajona. Al recorrer este tramo del litoral, el diseño de senderos y parterres actúa como una barrera de orden que separa físicamente el tejido urbano del ecosistema de la marisma. La arquitectura del parque impone un ritmo de tránsito previsible, donde el hormigón y el mobiliario urbano dictan por dónde se debe caminar, impidiendo que el cuerpo interactúe con el terreno irregular del Asón. El espacio proyecta una luz de seguridad y control que higieniza el paisaje, eliminando la incertidumbre del agua para ofrecer a cambio una perspectiva controlada y distante desde el borde de su barandilla.

Este lugar es el resultado de una maniobra de saneamiento estético que transformó el antiguo paraje industrial y de marisma en una infraestructura de ocio. El hecho singular reside en la sustitución de la orilla productiva —vinculada históricamente a los molinos y al puerto— por un tapiz de césped y arbolado ornamental que amputó la función logística del sector. Al levantar este parque, Limpias decidió clausurar su relación directa con el fango para instituir un balcón de prestigio; un acto de soberanía urbana que reorganizó los flujos del barrio, desplazando la actividad de los muelles hacia una logística de contemplación y consumo visual. El trazado de Costamar es hoy la frontera definitiva que impide que el río recupere su sitio en el pueblo.

Al salir del recinto del parque y ganar los caminos de tierra que aún sobreviven en los extremos, la rigidez del diseño se disipa. El caminante recupera el contacto con la escala del agua y la vegetación sin planificar. El Parque de Costamar queda a la espalda como una plataforma rígida y exacta, un volumen de hormigón que sigue custodiando la frontera entre la civilización del paseo y el desorden indomable de la marea.

Cómo llegar: ver en el mapa