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Salamanca

Salamanca, Castilla y León

Vista de Salamanca

Los orígenes de Salamanca

Salamanca tuvo sus orígenes en el siglo IV a.C., siendo fundada por los vacceos, una comunidad celta que la bautizó como Helmántica.

Durante el siglo III a.C., la ciudad enfrentó el asedio de Aníbal, líder cartaginense. A pesar de las ofertas de dinero y rehenes por parte de los habitantes, Aníbal no aceptó, lo que llevó a un levantamiento exitoso de los helmanticenses, logrando su retirada.

En etapas posteriores, los romanos la conquistaron e incorporaron a la provincia de Lusitania. A partir de este momento, Salamanca ganó gran relevancia al ubicarse en la ruta de la Vía de la Plata, que conecta el norte y sur de la Península, consolidándose como un destacado centro comercial. Durante este periodo se erigió el Puente Romano, que perdura en la actualidad.

Alrededor del año 600, los visigodos asumieron el control de la región, llevando a cabo la cristianización del área.

Posteriormente, en el año 712, la ciudad experimentó la conquista por parte de los musulmanes. Este proceso marcó otra fase significativa en la historia de Salamanca.

Gastronomía

La gastronomía de Salamanca se distingue por su notable diversidad, aunque la provincia ha alcanzado renombre como productora destacada de embutidos y carnes. Entre los numerosos productos reconocidos, sobresalen el jamón de Guijuelo, la carne de morucha, la lenteja de la Armuña y el vino de las Arribes, todos los cuales puedes explorar con más detalle en la sección de Denominaciones de Origen.

El cerdo ocupa un lugar central en la cocina salmantina. El chorizo y el jamón ibérico gozan de prestigio a nivel mundial gracias a su sabor distintivo, logrado mediante la crianza tradicional de los animales, en muchos casos en entornos extensivos y alimentados con bellotas, así como mediante la aplicación de técnicas tradicionales de elaboración.

Otra delicia proveniente del cerdo es el farinato, un embutido elaborado con grasa de cerdo, migas de pan, cebolla, aceite de oliva y diversos condimentos, incluido el anís. Es comúnmente consumido con huevos fritos y, aunque no sea muy conocido fuera de Salamanca, disfruta de gran popularidad en toda la provincia, especialmente en Ciudad Rodrigo, su lugar de origen.

En el día a día de Salamanca, el hornazo ocupa un lugar destacado, especialmente en la celebración del Lunes de Aguas. Este plato, similar a una empanada con una masa más seca, se rellena con ingredientes como chorizo, lomo frito, huevo duro, tocino y jamón, y está disponible durante todo el año en panaderías y pastelerías, siendo una opción ideal para meriendas o excursiones al campo.

El farinato, el hornazo, el queso de las Arribes, la ternera charra, la cereza de la Sierra de Francia y los ibéricos de Salamanca son ejemplos de las Marcas de Garantía que dan renombre a la provincia.

Entre los platos elaborados que merecen atención se encuentran la chanfaina, preparada principalmente con menudillos de cordero, arroz y sangre cocida, las patatas meneás y el calderillo, un sabroso guiso de carne.

En el ámbito de los postres, destacan los chochos, similares a peladillas con un toque de canela, las rosquillas de Ledesma, el bollo maimón y los amarguillos de La Alberca. La variedad y autenticidad de la gastronomía salmantina ofrecen a los paladares una experiencia única y deliciosa.

Folklore

Los habitantes de Salamanca son conocidos como charros o charras, un término que también se utiliza para describir el traje típico de la región. En cada área de la provincia, se aprecia una variante única de este traje tradicional.

La expresión artística más representativa se denomina charradas y consiste en bailes típicos que destacan en la provincia, aunque existen otros estilos como fandangos (diferentes de los andaluces) y pasacalles. Estas manifestaciones culturales reflejan la riqueza y diversidad de la tradición folklórica local.

El encargado de proporcionar la música es el tamborilero, quien maneja la flauta o gaita charra y el tamboril, logrando una armoniosa combinación de sonidos. Esta figura desempeña un papel crucial en la creación del ambiente festivo y animado característico de las celebraciones locales.

Acompañando el ritmo, los bailarines hacen uso de castañuelas, aportando un elemento visual y sonoro que enriquece la experiencia cultural. La danza, la música y la vestimenta tradicional se fusionan para crear una expresión artística única que celebra la identidad y el folclore arraigado en la tierra charra.

El Mariquelo

El Mariquelo se destaca como uno de los personajes más emblemáticos de Salamanca, reconocido tanto dentro como fuera de la ciudad. Su historia se remonta al devastador terremoto de Lisboa en 1755, que dejó sentir sus efectos en la localidad.

Durante los temblores, los habitantes buscaron refugio en la Catedral, afortunadamente indemne y sin víctimas que lamentar. El Cabildo Catedralicio interpretó este hecho como un designio divino y decretó que, anualmente, una persona debía subir a lo alto del templo para repicar las campanas en agradecimiento a Dios y, de paso, evaluar la inclinación de la torre, que había sufrido daños.

Los Mariquelos, nombre que recibía la familia que residía en el interior de la Catedral, fueron los encargados de cumplir con este deber. Lo llevaron a cabo cada 31 de octubre, transmitiéndose la responsabilidad como una herencia generacional. Este rito continuó hasta 1976, cuando Fabián Mesonero Plaza se convirtió en el último miembro de la familia en llevar a cabo la tradición.

En 1985, Ángel Rufino de Haro, oriundo de Salamanca, decidió revitalizar esta costumbre. Dotándola de un toque folklórico, subió vestido de charro y equipado con gaita y tamboril. Una vez en la cima, interpretó una charrada con estos instrumentos, a la vez que expresó su agradecimiento a Dios y elevó plegarias por la paz. Con esta iniciativa, Ángel Rufino de Haro rescató una tradición arraigada en la historia de Salamanca, dotándola de nuevos matices culturales y folklóricos.

Como Llegar

Si llegas desde el extranjero, la opción más conveniente es tomar un vuelo hasta Madrid (Aeropuerto de Barajas). Luego, puedes trasladarte a Salamanca mediante autobús (Avanza Bus) o tren (RENFE), ambos con frecuentes salidas. El trayecto desde Madrid a Salamanca tiene una duración aproximada de dos horas.

En el caso de llegar desde Portugal o Francia, también puedes optar por viajar en autobús o tren para llegar a Salamanca. Ambas opciones ofrecen conexiones que facilitan el desplazamiento desde estos países hasta la encantadora ciudad de Salamanca.

En coche las autovías A-62 y A-66 te conducirán hasta la ciudad. Para llegar desde Madrid es preciso seguir la autovía A-50.

Si optas por el autobús, existe una línea de autobuses de la compañía Avanza Bus que va directa desde el aeropuerto de Madrid-Barajas hasta Salamanca. La parada en Barajas se encuentra en la Terminal 1 del aeropuerto, en el parking situado en frente del vestíbulo de llegadas. Desde cualquier ciudad española o Europea hay líneas regulares de autobuses que, con sus correspondientes enlaces, permiten llegar a Salamanca.

Si prefieres utilizar el ferrocarril, RENFE ofrece conexiones a diario con Madrid, Lisboa, Oporto, París y todas sus correspondencias

Salamanca cuenta con un pequeño aeropuerto, situado en la cercana localidad de Matacán, y que en determinadas épocas del año ofrece vuelos charter y regulares a diversas ciudades españolas y europeas

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